Agriculturas urbanas en Madrid y en La Paz: recuperación y tradición

Por Katherine Fernández, investigadora boliviana enfocada en agriculturas urbanas, se encuentra en la Universidad Politécnica de Madrid realizando un análisis sobre los huertos urbanos, tema que también ha investigado previamente en su país, en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, centrándose en prácticas de agricultura familiar.

En este artículo realiza un análisis comparativo entre estas dos concepciones de agricultura en grandes ciudades y aborda las tensiones entre estas prácticas emergentes y los marcos institucionales establecidos.

Cultivar la tierra es igual que cultivar el cuerpo y la mente, los productos son diversos y los procesos son complejos, incluso en ocasiones las semillas no dan los frutos esperados porque no solo se encuentran con la tierra y el agua, sino también con otras relaciones más complejas e inesperadas.

En Madrid la agricultura urbana es diversa, por un lado tiene espacios públicos destinados a bosques y jardines ornamentales que la han convertido en la segunda ciudad más verde de Europa. Por otro lado existen huertos urbanos que cultivan alimentos y que podrían estar clasificados en dos partes por la forma cómo surgieron y cómo resisten.

Huerto Esta es una Plaza Madrid

Huerto Urbano “Esta es una plaza”, Lavapiés, Madrid

Huerto Jose Couzo Madrid

Huerto Urbano “José Couzo”, Madrid

En primer lugar están los huertos inaugurados por vecinos y vecinas que deseaban vitalizar espacios de tierra olvidados, si bien se dice que hubieron algunos huertos desde los años 80, se sabe que hoy son más de cuarenta cuyas regularizaciones o legalizaciones a fuerza de duras gestiones sociales, empezaron recientemente y alcanzan hasta el momento a 15 huertos regularizados.

En segundo lugar están los concursos que hace el actual Ayuntamiento de Madrid para presentar proyectos de manejo de huertos en el marco de su Programa Municipal de Huertos Urbanos Comunitarios, que funciona desde el 2014.

Según la historia de los huertos urbanos, a medida que se fueron multiplicando surgieron tensiones con autoridades y otras entidades vecinales que cuestionaban la actividad agrícola al interior de una ciudad urbanizada y moderna, que llegaron hasta el desmantelamiento de 6 de ellos[1].

Reflexionando sobre este tipo de tensiones solo podemos advertir que existe miedo de mucha gente a la agricultura porque por largo tiempo ha sido considerada algo exclusivamente rural y lo urbano y lo rural son dos dimensiones separadas, donde una está al servicio de la otra como subalterna, es decir, el campo como proveedor de la ciudad y para ser su lugar de escape de paseo y distracción momentánea. Por lo tanto ruralizar la ciudad, o naturalizarla, es una acción subalterna que se teme contenga un sentido de retroceso e involución. Menos mal este miedo está siendo vencido con una visión de reestructuración de significados y sentimientos, poniendo el paisaje de tierra que produce alimentos al alcance de la modernidad, que se anima incluso a entronizarlo en las alturas de sus edificios.

En Madrid la agricultura es de recuperación y la hacen colectivos de personas, unas que migraron de áreas rurales y otras que nacieron en la ciudad y que se dejan enseñar por los otros, además por supuesto también están quienes se han formado en las universidades para la tierra.

Juan Quispe huerto Chicani_opt

Juan Quispe, huerto en la comunidad Chicani, Bolivia

María Villanueva, invernadero en Chinchaya, Bolivia

Una experiencia diferente pero con la misma visión desde la urbanidad se encuentra en La Paz, ciudad sede de gobierno de Bolivia, donde la agricultura se ha vuelto urbana sin moverse de su lugar de origen rural, ya que ha sido el crecimiento urbano el que la alcanzó. Comunidades pequeñas como Chicani y Chinchaya que hace 40 años eran zonas netamente rurales, desde donde se tardaba dos horas en llegar a la ciudad en camiones o buses que partían tres veces por semana por sus caminos de tierra, hoy quedan a 40 minutos con minibuses que parten cada 20 minutos y tienen dos accesos importantes, uno por la zona residencial de Irpavi al sur de la ciudad donde están las casas “bonitas” y otro al este por el barrio popular de Pampahasi.

Esta agricultura es de tradición ancestral que transmite sus conocimientos de generación en generación, algo que ahora se conceptualiza como agricultura familiar, siendo la parte central de las economías campesinas que hacen a la contextura social más profunda del país.

De los 9 macrodistritos que conforman el Municipio de La Paz, 2 son rurales. Como parte de las políticas agropecuarias locales, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP) ha incorporado procedimientos estructurales como la designación de Subalcaldes que emergen de los sindicatos agrarios que son mucho más antiguos que las instituciones urbanas, es decir que son representantes campesinos elegidos en ampliado, lo cual es resultado de una lucha reivindicativa muy larga que ha logrado construir una estructura política institucional combinada que hace rememoranza a las palabras de Silvia Rivera, cuando dice que “recupera formas de trabajo con la tierra y con la propia corporalidad que nos aproxima”[2].

Estas dos experiencias de agricultura en ciudades capitales muestran que la fuerza de las luchas populares que han comenzado en la tierra, están dando frutos históricos que han vencido miedos ajenos y están abriendo puertas legítimas en las barreras institucionales convencionales.

[1] Según documentan Pablo Llobera, José Luis Fernández y Alberto Peralta en el libro “Agricultura Urbana Integral Ornamental y Alimentaria” de 2015, coordinado por Julián Briz e Isabel de Felipe, catedrádico y profesora titular de la UPM, respectivamente.

[2] Ver video de la entrevista a Silvia Rivera, socióloga aymara boliviana, en: https://vimeo.com/65071028

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