Innovación y nuevas políticas públicas: Permiso para equivocarse

Logo Innovation Growth LabImagina un centro educativo en el que las clases se imparten en casa y los deberes se hacen en el centro. Éste es uno de los proyectos experimentales que ha desarrollado NESTA, la organización británica de referencia en el ámbito de la innovación en políticas públicas.

En el proyecto, los docentes dedican una parte importante de su tiempo a elaborar vídeos cortos de clases magistrales en diversas disciplinas, y en los que participan buenos divulgadores. Los estudiantes pueden ver estos vídeos en casa y luego, en el centro educativo, hacen los deberes de forma conjunta, acompañados del profesor.

Albert Bravo-Biosca dirige desde NESTA el Innovation Growth Lab, una iniciativa para desarrollar experimentos y diversos enfoques que apoyen una innovación basada en la evidencia. El pasado 4 de noviembre participó en el Máster en Estrategias y Políticas para el Desarrollo, donde expuso varios ejemplos como el anterior.

El objetivo último de estos experimentos es diseñar buenas políticas, y para ello Albert Bravo señala tres elementos: la voluntad de experimentar, la utilización de datos para generar evidencia y sentido común. “Si sumas experimentación y evidencia, el resultado que obtendrás son mejores políticas efectivas”.

Pocas organizaciones son capaces de arriesgarse en impulsar iniciativas así, y la referencia suele ser precisamente NESTA, fundación creada hace 15 años por el Gobierno británico para hacer del Reino Unido un país innovador. Su misión es ayudar a personas y organizaciones a convertir grandes ideas en realidad.

Albert Bravo Biosca
Albert Bravo-Biosca

La idea original al crear esta fundación era que NESTA pudiese asumir riesgos, y para ello se le dio un capital de 300 millones de libras y mucha libertad para que arriesgue, de tal forma que si se equivoca –algo habitual en la innovación-, no salpique a las capas gubernamentales más altas.

Una de las herramientas que suele utilizar para generar esa innovación son los Challenge Prizes, concursos con premios en metálico al que encuentre una solución a un reto concreto. El último reto lanzado es lograr un gadget  que permita, en menos de 30 minutos, saber si una persona tiene un virus o una bacteria. El premio: 10 millones de libras.

Albert Bravo recuerda que herramientas como los Challenge Prizes no son nuevas, “Napoleón lo utilizó para buscar una solución que preservase los alimentos en los traslados de tropas, y el resultado fueron las latas de conservas”.

Pero la clave para evitar la proliferación de ideas descabelladas que a menudo generan estos hackatones, es que los retos sean muy concretos. Ese fue el caso del reto que en su día promovió el Gobierno británico, a través de su programa Small Business Research Initiative, para detectar el asma en los bebés, y lo consiguieron un grupo de veterinarios que ya utilizaban un dispositivo para dar oxígeno a los caballos de carreras.

Otra herramienta que utilizan habitualmente es el de los fondos de experimentación para promover la inteligencia colectiva. Albert Bravo pone como ejemplo el que está llevando a cabo la fundación Education Endowment Foundation para determinar si la música mejora la capacidad en matemáticas, y ya se están desarrollando 200 pilotos en colegios británicos.

Hoy en día, NESTA es una fundación que ya no depende de la Administración  Pública. El cambio se produjo cuando el ex primer ministro Cameron llegó al poder e impulsó la teoría de la “Big Society”, basada en la idea de que sobran entidades públicas y falta sociedad civil.

Ahora NESTA cuenta con una plantilla de alrededor de 150 personas y se define como una incubadora de ideas e iniciativas que, en el medio plazo, deberían cobrar vida ellas solas.

La organización cuenta con un departamento de investigación, un laboratorio de innovación, área de formación y otra de inversión.  

La importancia de la “buena” evaluación

La evaluación de los proyectos, experimentos, actividades, etc, que se llevan a cabo en el ámbito de la innovación es fundamental para generar procesos de cambio que tengan impacto. Pero esa evaluación debe ser de calidad.

Albert Bravo puso como ejemplo las políticas de apoyo a las empresas que se llevan a cabo en Europa y señaló un estudio concreto en el que se examinaron casi 15.000 evaluaciones de estas políticas. El resultado fue que sólo entre el dos y el tres por ciento de esas políticas se podían considerar rigurosas y, de esas, sólo una minoría muestran impacto positivo.

“Si crees tener la solución a priori y prometes que va a resolver el problema, la voluntad de evaluar será muy baja”, señala Albert Bravo. Por eso es importante probar diferentes diseños para aprender cómo funciona cada uno de los experimentos y, finalmente, generar una evidencia que convenza a los decisores para cambiar políticas públicas.

Responder