La Alianza Shire en el simposio sobre desafíos energéticos de las poblaciones desplazadas (Bristol)

El pasado 12 de octubre, Alejandra Rojo, del equipo técnico del itdUPM, presentó en Bristol el proyecto piloto llevado a cabo en el Norte de Etiopía por la Alianza Shire, donde gracias a la coordinación entre administración pública, empresas y universidad, se ha logrado avanzar en la resolución de un problema complejo en la acción humanitaria: el acceso a energía en campos de refugiados.

El simposio, organizado por la Sociedad de Científicos Españoles en Reino Unido (CERU), en colaboración con el Instituto Cabot y el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Bristol, mostró el trabajo de diversos grupos de investigación que actualmente buscan soluciones al problema de la provisión de energía en asentamientos temporales.

Alejandra Rojo, Irene Merino Jimenez, Owen Grafham, Monica Garcia Ortega y Sam Williamson

“Además de trabajar con actores tan diferentes, la participación de los refugiados ha desempeñado un papel fundamental, desde la formación a la instalación de los equipos”, señaló Alejandra Rojo al explicar el proyecto piloto de la Alianza Shire, la primera alianza española en Acción Humanitaria impulsada por el itdUPM y en la que participan Iberdrola, Fundación Acciona Microenergía, Philips Lighting y la Agencia Española de Cooperación.

En estos momentos ya se ha instalado en uno de los campos de refugiados del Norte de Etiopía alumbrado público en más de cuatro kilómetros y conectados servicios como una escuela primaria, dos cocinas comunales y 36 pequeños negocios, con el apoyo de ACNUR y la Agencia Noruega para los Refugiados.

En este simposio también participó Owen Grafham, de Chatham House y co-autor del libro “Calor, Luz y Energía para Refugiados: salvando vidas, reduciendo costes”, en el que destaca la gestión ineficaz de recursos energéticos y que provoca que “alrededor de 20.000 personas desplazadas mueren prematuramente cada año como resultado de cocinar con fuegos de leña”.

Mónica García, de la Agencia Internacional de Energía, se centró en las emisiones de CO2 y en las tecnologías emergentes, como el desarrollo de nuevos disolventes de CO2 para almacenar carbono.

Por último, Irene Merino Jiménez, investigadora del CSIC y del Centro de Bioenergía de Bristol, explicó los beneficios del desarrollo de células de combustible microbianas, basados en el aprovechamiento de residuos orgánicos (como la orina) para generar energía.

Esta tecnología genera energía eléctrica directamente mediante la descomposición de la materia orgánica a través del metabolismo de microbios previamente introducidos en el sistema.

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