Gonzalo del Castillo. Agricultura en una ciudad en el desierto: el caso de Lima.

Gonzalo del Castillo es Arquitecto de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Realizó estudios de posgrado en el Máster en Intervención Sostenible en el Medio Construido y en el posgrado en Smart Cities en la Universitat Politècnica de Catalunya. Empezó su carrera docente al terminar sus estudios de pregrado concentrándose principalmente en las áreas de proyectos arquitectónicos, acondicionamiento ambiental e historia de la arquitectura peruana. Sus áreas de interés actual tienen que ver con las relaciones circulares entre ciudad y flujos metabólicos.

El diálogo (im)probable del pasado 27 de febrero contó con la presencia de Gonzalo del Castillo, arquitecto de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que nos habló del potencial de la agricultura en las áreas periurbanas de Lima.

La ubicación de la ciudad de Lima es muy particular:

… en un desierto costero, donde el agua es un tema crítico (tanto por su escasez como por el aumento de las inundaciones por efecto del huaicos) y con la peculiaridad de que el mar regula las condiciones de temperatura.
… en un valle, con tierras fértiles en las inmediaciones del río Rímac.

Ya los primeros asentamientos (conocidos como huacas) evitaban ocupar las zonas de potencial agrícola al ubicarse en las partes altas de la topografía. Con el paso del tiempo se creó un sistema de acequias y, junto a ellas, se construyeron haciendas agrícolas.

A partir de los años 1940, la población creció exponencialmente (de 1 millón de habitantes en 1950 a 8,5 millones en 2010) y fue ocupando el territorio de forma expansiva hasta abarcar tres valles, mediante un sistema de apropiación del suelo con posterior reclamo de los servicios básicos a las autoridades municipales.

La falta de planificación y el encarecimiento del suelo han contribuido a un ratio bajísimo de área verde por habitante. Además, estas áreas se entienden desde una concepción ornamental, y en general se cubren con césped u otras especies con demandas muy altas de riego.

Por otro lado, al existir una única vía de acceso para la provisión de alimentos (la carretera central), que además sufre continuos cortes por protestas y por fenómenos climáticos, la ciudad de Lima se encuentra en una situación de fragilidad.

En opinión de Gonzalo, las áreas verdes podrían entenderse como espacios productivos. Para ilustrar esta idea nos relató dos experiencias de agricultura periurbana en Lima en las que ha tenido ocasión de participar.

Santa Eulalia
A una hora de Lima, este valle productivo sufre continuos aluviones a causa del fenómeno del Niño costero. Su agricultura se organiza en terrazas, donde cada nivel se caracteriza por unas condiciones específicas de humedad y temperatura, que permiten diversificar las especies cultivadas.
El proyecto ha tratado de dar solución a las principales afecciones detectadas por los miembros de la comunidad durante el proceso de escucha: la escasez de agua potable y la fragilidad del sistema de riego ante los fenómenos climáticos, que afectaba dramáticamente a la productividad agrícola.

Villa María del Triunfo
En este contexto, los huertos urbanos han funcionado como herramienta de ordenación del territorio. Situados debajo de una línea de alta tensión, han evitado la ocupación de este terreno para la construcción de viviendas. Se trata de un espacio experimental que cuentan con un 80% de participación femenina y se encuentra actualmente en una etapa de consolidación como espacio público productivo.

A continuación, os dejamos la presentación que utilizó Gonzalo durante su exposición y un video que explica con mayor detalle las características de estos proyectos, en los que colaboró en el marco del Master of Environment and Sustainable Development de la UCL.

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